Siempre me ha gustado imaginar la vida de los que me rodean cuando viajo con desconocidos. Una temporada me trasladé a Madrid para acabar mis estudios, cada día tenía que coger el metro para cubrir los trayectos de ida y vuelta. Si alzaba la vista, eran pocas las personas que no se estaban ocupando en algo, los había que leían libros, periódicos, otros escuchaban algo a través de sus auriculares, la gran mayoría miraba sus móviles o hablaba a través de ellos,
grupos de personas que coincidían para ir a sus clases o trabajos, parejas que se amaban públicamente, madres y padres con hijos, mujeres que aprovechaban para maquillarse, un sinfín de actividades que se producían a la vez, bajo tierra. Yo solo miraba a mi alrededor, eso me hacía formar parte de un grupo minoritario, a fin de cuentas no es muy diferente a lo que he acabado dedicándome: Fotografiar a personas que la mayoría de las veces son extraños, imaginar sus vidas y soñar despierta.


Me preocupaba obsesionarme demasiado con las vidas ajenas, aunque diré, que tengo un especial instinto para saber cuando las historias que me invento no se alejan mucho del tipo de persona que imagino, así que de un tiempo a esta parte he puesto en práctica algo parecido pero con la Naturaleza. La observo y me invento las vidas de esos árboles: Lo que habrán visto y escuchado, cuantos pájaros habrán anidado, todas las estaciones que han transcurrido por sus hojas o incluso como ha cambiado su entorno en todos los años que lleva vivos.




Tengo pensamientos que quiero fotografiar, cuando era pequeña y quería imaginar un ser superior, algo que las religiones considerarían un Dios, yo pensaba en Luz asomando entre las nubes, cuando escuché por primera vez la palabra Espejismo pensé en el efecto que produce el calor sobre el asfalto, es curioso cómo interpretamos con imágenes. Muchas veces he deseado tomar fotografías solo con cerrar y abrir los ojos, así nunca sentiría inseguridad si salgo de casa sin mi cámara, tengo que estar preparada por si se presentan ante mi alguna de las imágenes que imagino. Ese es el motivo por el que llevo mi pequeña gran Fujifilm X-T3 con una óptica Fujinon XF23mmF2, prácticamente siempre. Hace poco escuché “Todas las fotografías con el paso del tiempo, se convierten en documentales”, esto me hizo entender lo importante que para un fotógrafo encontrar la manera de mostrar con imágenes su propio interior, al fin y al cabo se trata de nuestra manera de comunicarnos.




Para un fotógrafo, creo que su equipo es cómo su ropa pero también es cómo su cuerpo, se tiene que ajustar a lo que en ese momento necesita pero a la vez tiene que sentirlo, eso es lo que me ocurre a mi con mis cámaras de la serie X, puedo reconocer que si me trabajo evoluciona y en gran medida mejora o a mi me hace sentir mejor es gracias a cómo me siento mientras trabajo con ellas.



Quiero acabar este pequeño repaso a las imágenes que persigo o me persiguen con cuatro fotografías sobre otro proyecto que me ronda la cabeza: Gotas de agua.



