Beno Saradzic es un laureado fotógrafo arquitectónico cuya experiencia en la visualización de diseños, efectos visuales CGI 3D y animación le ha servido para aprender a crear obras sobresalientes. Las habilidades artísticas visuales de Beno se unen a su pasión por el cine clásico, la ciencia ficción, las bellas artes tradicionales y la música para crear una fotografía que él mismo describe como cinematográfica, poética, etérea e hiperrealista. Beno se llevó la FUJIFILM GFX 100 hasta lo más alto de las dos ciudades más conocidas de Emiratos Árabes Unidos: Dubái y Abu Dabi.
Los años que Beno ha invertido en la creación de representaciones ultrarrealistas de elementos arquitectónicos urbanos han cimentado el camino hacia su incursión en el mundo de la fotografía. «Me ha enseñado todo lo admirable que hay en una imagen para poder disfrutar de su belleza. En esencia, he aprendido fotografía sin ni siquiera tener una cámara», comenta un Beno que se enamoró de la fotografía al encontrar en ella un medio para expresar su propia interpretación de las escenas.
«A mí nunca me interesó capturar la luz «propiamente dicha». Jamás habría sido suficiente para mí limitarme a reproducir aquello que capturara mi cámara», expone. «Me esfuerzo para dotar a mis obras de elementos sutiles, lo cual me define como persona y pone de manifiesto mi propia individualidad».
Beno, para este proyecto, se llevó la GFX 100 a un lugar donde sabía que podría tomar imágenes de las ciudades en todo su esplendor. «Me la llevé a mi hábitat natural, a mi sitio favorito: las azoteas de los rascacielos», nos cuenta. «En Dubái y Abu Dabi abundan los edificios de gran altura con azoteas de entre 50 y 100 pisos. Las vistas desde estas azoteas son espectaculares y uno puede encontrar una inmensa variedad de composiciones ideales para objetivos que van desde el gran angular hasta el teleobjetivo».
Beno eligió las azoteas como la prueba definitiva para el sensor con retroiluminación (BSI) de 102 megapíxeles de la GFX 100. «Quería comprobar qué tal se comportaba esta cámara respecto a los detalles de la fachada de un rascacielos a kilómetros de distancia», comenta. «Tenía curiosidad por ver la nitidez de las imágenes bajo el cielo nocturno con altas sensibilidades ISO y su tratamiento de la luz ante contrastes exigentes», explica. «En vista de la altísima resolución de las imágenes que captura, también tenía que descubrir la rapidez de su procesamiento interno».
Beno suele llevar un equipo bastante prolijo en sus sesiones fotográficas, por lo que lo primero que le impactó de la GFX 100 fue su diseño portátil. «Cualquiera esperaría que una cámara de 55 mm de gran formato fuese grande, aparatosa, pesada e incómoda», confiesa Beno. «Las cámaras convencionales de gran formato suelen ser propias de entornos de estudio con control de temperatura en posición fija, pero cuando uno echa un vistazo a la GFX 100, descubre de inmediato una cámara ‘compañera allá donde vayas’», comenta destacando positivamente el manejo de la misma.
«A pesar de su enorme sensor y sus especificaciones de gama alta, es sorprendentemente compacta y ligera. Se adapta perfectamente a mis manos, al igual que lo haría una DSLR de gama alta con empuñadura de batería. Los botones y diales tienen una disposición lógica e intuitiva y cuenta con una ergonomía muy bien estudiada. Sin duda, se trata de una cámara diseñada por y para fotógrafos».
Beno no solo quedó impresionado con el aspecto y el tacto de la cámara, pues el rendimiento de la GFX 100 bajo condiciones exigentes también lo cautivó. «La duración de la batería me ha parecido extraordinaria. Tras una sesión fotográfica de cuatro horas (unos 2500 disparos), la primera batería quedó gastada casi a la mitad, mientras que la segunda se mantuvo al 100 %», explica.
«La personalización de la cámara fue coser y cantar, de modo que la primera vez que la utilicé lo tuve todo dispuesto en cuestión de minutos. Guardé ciertos preajustes que me permitieron potenciar la cámara con un retardo de obturador de diez segundos, bracketing AE y mis parámetros WB e ISO preferidos. Ello me permitió ahorrar muchísimo tiempo durante las dos semanas de sesión fotográfica».
Prosigue ensalzando las capacidades de enfoque de la cámara y su incorporación a sus experiencias. «Los picos de enfoque con color e intensidad seleccionables me han parecido una absoluta delicia. He podido obtener imágenes con la máxima nitidez tanto de día como de noche en una fracción de segundo», comenta Beno mientras destaca el visor complementario de 5,76 millones de puntos de la GFX 100. «El EVF es extraordinario. Nítido, brillante y dinámico a más no poder. Lo mejor que he visto hasta la fecha».
Una parte de la sesión se llevó a cabo desde un helicóptero que sobrevoló el centro de Dubái. En tales condiciones, hace falta una cámara fiable que sea suficientemente rápida como para capturar la imagen deseada en cualquier momento. Gracias a su avanzada funcionalidad, la GFX 100 cumplió con diversas exigencias, algo que no pasó desapercibido para Beno.
«La cámara es tan ligera que se puede llevar en las manos durante 40 o 60 minutos sin problema alguno. No he perdido ni un disparo por culpa de errores o pérdida de enfoque y, aunque la mayoría de ellos se han tomado bajo unas ISO altas, el ruido es prácticamente invisible en las imágenes», comenta mientras asegura que la guinda del pastel fue la estabilización de imagen en el cuerpo (IBIS). «Con la IBIS activada, contemplar la imagen es como tener un cuadro colgado ante ti. ¡De diez! Añadió algunos pasos de luz muy valiosos a una sesión relativamente oscura», comenta con entusiasmo. «No dudaría en recomendar esta cámara a cualquier fotógrafo aéreo que se precie».
Beno también utilizó la GFX 100 para realizar un time-lapse de la ciudad, quedando abrumado con los resultados. «En la vida había visto paisajes urbanos representados con una nitidez tan demoledora y aplastante, unos tonos de color tan precisos y una claridad de detalles de semejante calibre. Esta cámara pone de manifiesto una cantidad abrumadora de información oculta entre las luces y las sombras. He encontrado la inspiración para volver a fotografiar mis lugares favoritos, en los que he hecho sesiones bastantes veces con una cámara menos potente».
Aunque pasó poco tiempo con la cámara, Beno nos asegura que esta experiencia le ha servido para obtener una perspectiva totalmente renovada. «Al mirar a las imágenes tomadas con la GFX 100, uno se pregunta dónde está el límite en esta maravillosa era de la fotografía digital», comenta.
«Tiemblo al pensar en lo rápido que me ha cautivado esta cámara. Ya no concibo volver a los 50 o menos megapíxeles. La cámara es pequeña, ligera, ergonómica, configurable y fácil de utilizar. No sé cómo Fujifilm se las habrá ingeniado para incluir un sensor tan grande en un cuerpo tan diminuto con un sistema IBIS que funciona a las mil maravillas. Y me quedo perplejo al comprobar la rapidez con la que el X-Processor 4 gestiona estos archivos tan grandes».
«Es una cámara que rompe moldes, sobre todo en cuanto a precio», añade. «Fujifilm ha puesto patas arriba el mercado con este producto. Es una cámara sin parangón».
Beno Saradzic es un fotógrafo-X que trabaja para FUJIFILM. Visita su sitio web para seguir disfrutando de la obra de Beno.
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